Los resultados de estas PASO, marcaron una profunda transformación de unidad y progreso en nuestro espacio, gracias al apoyo de 30.000 tucumanos, a quienes quiero agradecer profundamente. Ese gesto mantiene viva nuestra esperanza de promover el bienestar común de todos, como lo dice el Preámbulo de nuestra Constitución Nacional. Los argentinos todos somos hermanos con raíces profundas en este querido suelo. Este apoyo que he recibido, me hace soñar con la idea de ver flamear sobre todas las banderas que generan división, nuestra celeste y blanca, la insignia que nos une a todos, sin distinción.

Cómo no vamos a seguir buscando la unión del pueblo si tenemos por delante el desafío de expresar nuestra solidaridad por ese 60% de niños y jóvenes que se encuentran bajo la línea de pobreza. Cómo no vamos a ir al rescate de esa generación que pretenden darla por perdida y que seguramente incidirá en el futuro, por las secuelas tremendas, producidas por la desnutrición. A ellos debemos protegerlos para que sean buena semilla y den frutos abundantes en el futuro.

Cómo no vamos a darnos las manos para pedir por nuestras pequeñas empresas, por nuestras economías regionales puestas en peligro por la constante presión impositiva, por el ahogo de no contar con políticas de fomento e incentivo. La pérdida de esas fuentes de trabajo es una de las grandes preocupaciones en un país en donde hasta quienes tienen empleo registrado se encuentran bajo la línea de pobreza. Hombres y mujeres han visto destruídos sus sueños de progreso y sus familias los han visto quebrados llorando esos naufragios cotidianos.

Cómo no vamos a defender el pan en la mesa de todos, como un símbolo de aquello indispensable, producto del trabajo honesto y del esfuerzo de mujeres y hombres. Esos granos de trigo, son la dorada imagen de un pasado glorioso que tenemos el deber de recuperar.

Cómo no vamos a honrar las canas de nuestros mayores, que nos precedieron en la cultura del trabajo y el ejemplo. Tenemos el deber de defenderlos ante una política deshumanizada en la que siempre fueron la variable de ajuste. No podemos seguir aceptando que se los condene al olvido y al abandono. Los pueblos que no respetan la sabiduría de sus mayores están perdidos.

Cómo no vamos a plantarnos ante tanto tarifazo, ante la desbocada carrera del dólar y la incontenible inflación que, en tiempos de campaña, era el indicador de la inutilidad de un gobierno. Es ineludible defender el bolsillo de los argentinos, darles el oxígeno de lo perdido ante el desmedido aumento de la canasta familiar.

Cómo no vamos a buscar otros caminos, siempre con la convicción superadora de pensar en un país en donde se pueda desterrar la incertidumbre y hallar la calma.

No podemos volver a los tiempos de “pagar la deuda sobre el hambre y la sed de los argentinos”.
Esto es lo que queremos representar: una alternativa basada en el progreso de la gente, y ustedes, los 30 mil tucumanos que nos acompañaron, lo interpretaron así.

A cada uno de ustedes, ¡gracias, gracias, gracias! Porque consideramos que si nos permitimos soñar con un país y una provincia distintos, lo lograremos, juntos.

Nosotros, seguiremos sembrando este proyecto colectivo, porque más tarde o más temprano, con el músculo y el convencimiento de construir una sociedad más justa y solidaria, lograremos el objetivo sagrado al que nos llama la democracia.

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