Una sociedad que no establece leyes y los mecanismos para proteger a los más débiles, es una sociedad que ha decidido privilegiar el derecho de unos pocos sobre la igualdad de oportunidades consagrada en la Constitución Nacional y Provincial. El fallo contrario a la figura del Abogado del Niño no hace más que dejar a su suerte a niños, niñas y adolescentes que se encuentran en situación de debilidad con respecto a situaciones que los marcarán para toda la vida, de no contar con la intervención de funcionarios que entiendan su problemática específica. El Defensor de los Niños es una herramienta que no existía en la provincia hasta que el Ministerio Pupilar y de la Defensa la implementó en Tucumán, conforme a los compromisos internacionales, descalificando un noble propósito con un fallo auto contradictorio. Como autor de la ley 8.922, que establece el Programa Provincial para la Prevención e Intervención del Abuso Sexual Infantil, además de otras normativas que hacen a la protección y el desarrollo integral de los niños y niñas, no puedo dejar de emitir mi opinión contraria a esta declaración de inconstitucionalidad de esa figura del Abogado del Niño, que tanta falta hace ante la desprotección por la que pasan muchos de ellos. Lo paradójico es que el 20 de noviembre es un día importante para la infancia: se celebra el Día Universal del Niño y se conmemoran los aniversarios de la adopción de la Declaración Universal de los Derechos del Niño (1959) y los 30 años de la aprobación de la Convención de los Derechos del Niño (1989). Tantas acciones de la humanidad y de los países desarrollados para garantizar una infancia con igualdad de oportunidades, choca con decisiones individualistas en las que no se tiene en cuenta a los demás. No podemos dejar a los niños desnudos, sin herramientas para que alguien pueda ejercer su defensa. Es una muestra de gran irresponsabilidad y desconocimiento de derechos que ya tienen largas décadas de existencia y compromiso internacional. Ni Tucumán, ni Argentina son islas en esta materia. Como padre de familia y ciudadano quiero las mismas oportunidades para los niños, porque es en el presente donde comenzamos a construir su futuro, para ir formándose en valores con la garantía de sus derechos. Como hombre que abrazo la causa de los desposeídos y que más desposeídos que esos niños que sufren el hambre en nuestro país. Uno de cada dos chicos no tienen la posibilidad de alimentarse adecuadamente; muchos de ellos sufren la pobreza, la indigencia, el desempleo de sus padres, la violencia, la discriminación y lo que es peor, la indiferencia. Es por ello que debemos contar con ese Abogado del Niño, ese profesional del Derecho que eligió abocarse a la defensa de esa franja de edades en la que cualquier exceso es una consecuencia que los acompañará el resto de la vida. Defendamos aquello que es saludable para la sociedad, porque la indiferencia nos afectará a todos. La mezquindad y búsqueda de protagonismo con sofismas pretende destruir un noble propósito. Dónde queda entonces el interés superior del Niño para esta jueza?.

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